3 jul 2007

"Amor"




Aprendí a ver la vida.
Con otros ojos, los del alma y el corazon.
Aprendí a escuchar
Los sonidos del silencio donde los latidos
Del corazon son una bella música.
Aprendí de mis arrepentimientos,
Por que la vida y el tiempo, me dio otra oportunidad,
Para poder amarte, en total libertad.

Amor mi dulce y eterno amor
Como puedo amarte, sin ser tu compañero.
Sin poner mis brazos, para evitar tu caída.
Sin lanzarme yo primero,
Para qué sepas, que ahí solo había vacío.
Como amarte, sin entregarme a tu amor,
Tan sincero, tan dulce, tan lleno de vida.

Se qué hubo momentos oscuros,
Que a mi manera viví.
Y a tu manera supiste vivir,
Pero a la manera de los dos
Unidos por este amor, que ya es infinito,
Supimos superar.




No creía, en el amor eterno.
Pero hoy, después de ver el camino,
Que tras nuestros pasos, ha quedado.
Ciertamente, no podré amar a nadie más.
Sin ti, la vida es vida y nada más.
No es magia, no es chispa de luz,
Que pueda crear en su infinita energía,
Nuevos universos.
Esa chispa, esa luz, solo está en ti,
Elemento detonante de mí.

Ya la noche, cae sobre la ciudad,
La oscuridad del cielo, se refleja en el mar,
También la silueta de la luna
Que hace estelas de colores, sobre las olas.
Una voz, un canto de sirena.
Que no es un mito,
Sino un latido,
De mujer.

Me llamas, me invitas,
A emprender el vuelo.
A hacer caminos, sobre las estelas de mar.
Voy hacia ti, emprendo el vuelo, en busca del mas allá.
Que es un sueño, un sentido de realidad,
Distinto al que he vivido.
Me dejo llevar y no me arrepiento,
Por que es mi vuelo, por que yo lo emprendo.
Quiero descubrir tus mundos, tus sueños.

Vuelo y traspaso las fronteras de esta realidad,
Que es mi vida, mi cuerpo.
Mis detalles, que no son menos.
Entro en tu mundo,
Y mientras más avanzo,
Voy mutando desde mi imperfecta realidad,
A la eternidad, de tus sueños.

Quiero abrazarte, aunque seas transparente.
Quiero besar tus labios astrales.
Poder dormir, en los contornos de tu cuerpo etéreo,
Hacer el amor, entre tus sueños.
Quiero sentirte, de una manera distinta.


A veces, tengo miedo,
Son temores, de mi antigua vida.
En la que te dejé marchar,
Pero tú, limpias mis alas, de las impurezas
De mis pensamientos.
Me acaricias, me abrazas
Y nuevamente me invitas a volar.



Volar, volar en esta que es nuestra eternidad.
Deja que esta tormenta, que nos distancia,
Se disipe, en el cielo que nos cobija generoso.
Cuando el sol vuelva a salir, emprenderemos el vuelo.
Viajando entre el cielo azul, bajo un sol majestuoso,
Reflejado en un mar invernal o primaveral.

Asistiremos a nuestro encuentro,
A ese momento crucial
Donde el sueño y la realidad,
Se conjugan para hacer de nosotros
Dos seres perfectos.



"Rapido a Ningun Lugar"



Montado en un cometa, pedaleando sin parar.
En la bóveda celeste, voy rápido a ningún lugar

Una estrella me saluda, hola como estas.
Vieja, ojerosa y maltratada, star de noches húmedas
Y acaloradas.
Va cansada pedaleando, lentamente a ningún lugar.
Un marciano azulado, me cuenta, que allá en Venus,
La gran fiesta va comenzar.
Embriagarme con mangarina y no parar de bailar,
No es mala idea pienso, iré sin vacilar.




Entro en aquel lugar, una mariposa albina,
Me da un bocado, de polen de uregon.
Estaciono mi cometa, muy cerca de la cocina.
Quizás un chef de mano abierta, déle ingenso de cenar,
Seria bueno viejo amigo, eso no te vendría mal.

Entrando en el lugar, entre una multitud astral.
Un fénix que se enciende, llama mi atención.
Un pájaro oxidado, me ofrece un jarrón.
Que delicia mangarina.
Sorbo a sorbo, voy tragando el licor.
Mientras sirenas de neón, canturrean a lo lejos,
Una extraña canción.




Caminando muy seguro, paso a paso.
Voy entrando en el salón, Un rocío de súper nova.
Brujas de colores, en fugaces escobas.
Gitanas danzarinas, sobre nubes de vapor.
Mil luces llenan mi visión,
¿Son las puertas de cielo que se han abierto?
¿O quizás las del infierno?, dice un rayo de sol.

Envuelta en mil mantas de colores,
Baja libre con su don, es la Reina Araucana,
En todo su esplendor.
La observo desde lejos, conversamos con las miradas.
De mangarina una copa, una copa y otra más.
Embriagado en su mirada, perdido en la ilusión.
A lo lejos pasa un tiempo y otro más.
Pasan y pasan sin saludar.




De pronto el cielo se oscurece, la reina se fue sin avisar.
Un trauco muy borracho, me grita sin dudar,
¡Las puertas se han cerrado!, ¿Las del cielo o de Satán?
Que más me puede dar,
Si a la tierra no voy a regresar

Montado en un cometa, pedaleo sin parar,

En la bóveda celeste, voy rápido a ningún lugar.


20 jun 2007

Princesa Sideral



Se dejó llevar por su andar,
Bajo el cielo ámbar y esmeralda, de la noche invernal.
Caminó junto al lago, de profundo azul terrenal.
Se sintió pequeña, bajo la luz de los astros milenarios,
De la bóveda eterna, que cobijaba su frágil humanidad.
Una estrella de luz somera, majestuosa guerrera,
De las tinieblas cautiva, aquí en la tierra.

La brisa suave del valle, acariciaba su rostro,
Una ola del lago, salio de repente y tomando su mano,
La invito a caminar.
Por mundos de sueños calidos, de esos que para muchos
No al alcanzan a ser real.
La brisa nocturna, romántica eterna,
Urdió con las nubes un camino de estrellas

La mano de agua la guió hasta la escala astral,
Bajo sus pies descalzos las estrella volvieron a iluminar la noche.
Lentamente la princesa guerrera, subió hasta el infinito de la creación.

Con sus manos consoló a la luna, que lloraba acongojada,
Por el amor del sol.
Con sus labios besó al sol, que muy triste se apagaba,
Por no estar junto a su amor.
Siguió camino, en medio del firmamento.
Los astros felices de tenerla junto a ellos,
Rompían la oscuridad del cielo nocturno,
Con sus mejores destellos multicolores.

Un espectro de luz que salía a su encuentro,
Ordenó a los cometas,
Que bailaran para ella.
No hubo resistencia, todos la querían saludar.
Miles de cometas por el cielo, en una lluvia astral,
De fuego, color y amor,
Por la princesa sideral.



De pronto silencio, el cielo enmudeció.
Una voz de las tinieblas, rompió la ronda astral.
Ven princesa guerrera, ven junto a mí para gobernar.
Dijo la voz, de un dios inmortal.

Ella volvió su mirada, hacia la profundidad de la oscuridad.
Llevo sus manos al corazón y respondió la invitación.
No es mi sueño gentil señor, gobernar en la inmortalidad,
Solo deseo amar y encontrar la felicidad.

Ven a mi lado hermosa guerrera, yo te amaré por toda la eternidad.
Lo siento mi amable rey, ya mi corazón lo entregué.
Qué rey ha sido el afortunado, de merecer tanto placer.
Preguntó el dios de la oscuridad.
No es un rey, el dueño de mi amor.
Mi corazón, lo he entregado a un simple mortal.
Respondió la princesa, con un brillo en su mirar.




¡Un mortal!, sentenció el señor de la noche eterna.
Como un estruendo, su voz recorrió, cada rincón de la bóveda astral.
Truenos de furia, iluminaron la silueta de los astros,
Hasta casi tocar a la princesa.
No hay mortal alguno, que merezca el amor de una princesa sideral.
Seres imperfectos, muy lejos de la inmortalidad.
Replicó el señor.
Mi gentil señor, dijo la princesa.
Sea mortal o inmortal, uno no elige a quien amar.
Solo ama y al amar sin egoísmos, puede alcanzar la perfección.

Sabias palabras dulce dama.
Te pido, que cuando vuelvas a venir, por nuestra humilde morada.
Traigas contigo, aquel mortal que tanto amas.
No es necesario mi señor,
Porque el, siempre me acompaña,
Justo aquí,
Señaló con su mano, el centro de su corazón.
El va conmigo, por donde yo vaya.
Aun, con su imperfección tan humana.
Yo sé, que él me ama.


Ya es hora de volver a mi hogar,
Que es la Tierra.
Quizás mañana, os vuelva visitar.
Vuelve pronto, dulce princesa guerrera incansable,
Del amor y de la paz, dijo un coro de cometas en la bóveda universal,
Que los seres de la Tierra, algún día te entenderán,
Dijeron al unísono, las estrellas milenarias.



Bajó la escala astral, ya sin pesar.
Una luz distinta, en el brillo de sus ojos, le entregó paz.
Una ola del lago, tomo su mano y la recibió en su morada.

La noche ya se acaba, dulce dama de luz,
Le dijo la luna, que se alejaba.
En un guiño las estrellas, le decían hasta mañana.
La princesa, caminó rumbo a su hogar.

Detrás dejaba, el Universo y la Eternidad,
Por el amor de un mortal.