
Luces de colores, viajando por el tiempo.
Luciérnagas enviadas, desde el cielo,
que se anidan, en mi pecho.
Toman forma, logran esencia,
sustancia de cuerpo, sentimientos,
de amor paterno.
Roció de frescura, traducido
en mis hijos, sueños cumplidos.
Saetas liberadas, desde mí ser,
en busca del espacio infinito.
tranquilos, soñando en fantasías,
Juegos y travesuras,
que no alcanzare a comprender.
Hoy les doy, el último beso,
el más duro, el más terrible.
Un beso, que es silencio,
frialdad incomprensible.
llegaron a mi vida.
Los acaricio, los cobijo en mi pecho,
como si fueran, bebes recién nacidos.
¡No me quiero, separar de ustedes!
¡No deseo quedarme aquí!,
mientras, mi vida emprende, un camino
distinto.
Pero la mano, incoherente de quien, les dio la vida.
Les quito, la energía, ya no brincan, no ríen,
no muestras sus éxitos,
y no hay silencio, en la derrota.
No corres tras una pelota.
Hoy los llevo a su última morada,
Junto a ustedes, va su amiga
Que, en un momento, de in cordura.
Fue mi mayor enemiga
Pero ella, como ustedes, ya no esta
Para reproches.
En una noche, poco feliz, para ella
y mutilante, para mí,
Decidió, que lo mejor era morir.
Y yo quedo aquí, sin saber a donde ir.
En medio de la nada, de esta vida.
Viviendo, en la tortura de estar
Y no ser, el padre que soñaba.
¿Por que ella decidió por mí?
¿Por que ella me quito la vida,
dejándome aquí?
Un padre, no entierra a sus hijos,
no esta bien, no es correcta,
la vida así.
Mis ojos se deshacen,
en lágrimas saladas.
Que secan el alma,
y arden en mis heridas,
que ya son miles.
Cuantos, Padres, cuantas Madres
Cuantos Hijos, aun faltan,
que tengan que cargar las heridas del alma.




