16 jul 2008

" Tú Verdad Mi Mentira"




Que es la verdad
Es un estado mental
O una regla universal

Tú me enseñaste
Que es todo
Es la razón y el sustento
Me dijiste que por ella
Yo seria libre

Y yo partí en busca
De nuestra verdad
Pero a poco andar
Descubrí
Que tu verdad
No era mía



Descubrí
Que cada cual la maquilla
De acuerdo a su realidad
Descubrí que la verdad
Al menos entre tú y yo
No existía

Y me quede aquí
Tratando de descifrar
Tus enigmas
Entre lo que dirás
Y lo que ocultaras

Y de tanto de deambular
Entre tus paisajes
Me di cuenta
Que no existías

Que no había nada
Que te hiciera real
Esa mañana me hiciste libre

Solo hay una pregunta
Que no tengo clara
Por que
Cuando volé en control
De mi alma ?
Fuiste a buscarme
Para dejarme en esta jaula.




9 jul 2008

"La Carcel de Papel"



Desde la torre de papel,
el anciano caballero, mira el lago.
Con el brillo, gastado de sus ojos,
la decadencia, constante de sus años.
Desde su prisión de celulosa,
recuerda los días, de cuentos he historias.

Eran otros tiempos,
se dirá para sus adentros,
otro sol brillaba sobre mi cabeza
y las nieves del invierno,
tímidamente comenzaba a caer,
sobre las alturas de mi adulta pereza.

Como han avanzado los años,
se repetía una y otra vez,
el noble anciano.
Mirando desde su pequeña celda,
inmaculada a la virgen de los pecados.
Su visión ya no es la de antes
a veces confunde a las olas,
que juegan con el viento,
con la danza candida,
de su musa inspiradora.

Una lágrima, escapa de su pupila,
suave como una pluma,
baja por su rostro marchitado
y como un cuchillo afilado,
corta sus ajados sentimientos.


Sentado, en su trono de papel,
con su corona de plumas,
su espada de tinta, su escudo de piel.
Hay un viejo rey.

Mirando el infinito,
donde los mundos,
llegan a perecer.
Un viejo terco y avaro,
lo mira desde el horizonte lejano.
Es el tiempo, enemigo cruel.

Más de una vez,
en épocas más jóvenes,
se batieron a duelo
Y el tiempo implacable,
lo hizo retroceder.

Cuando partirás?,
le pregunta
o cuando yo partiré?
No me des tanta importancia,
tiempo maldito,
déjame salir,
de esta prisión de papel.


Es que no vez, que un anciano soy?
Ya no hay en mí, el ímpetu
de antaño,
ya no hay en mí, la fuerza
que solía tener,
ya no hay en mí, el amor
que me hizo feliz.
Tú los dejaste partir,
dejando encarcelado
a un miserable anciano.

De vez en cuando,
después de la puesta del sol,
un hada, llega a su encuentro,
solo mira, no dic
e nada.
Es su hada imaginaria,
el le quito el habla,
por que siempre,
le contaba de su amada.

Su corazón, dolido
por la culpa,
de no haber entendido,
cuanto la amaba.
El rey, anciano milenario,
acepta su condena,
ha vivir encarcelado,
entre ladrillos cuadriculados.

Algún día llegara la reina,
Sublime soberana,
que libere mi cuerpo gastado
y mi alma condenada.
No tendré valor,
de mirarla a los ojos.
Son muchos mis pecados.



Mejor será dormir,
ya la noche ha caído
y quizás si tengo suerte
a mi prisión llegue la muerte
y en un acto coherente,
me libere de mi condena,
me redima con mis sueños,
con mi amor que es eterno,
con mis buenos sentimientos
y pueda reencontrarme,
por fin con mi vida.

Sentado en su trono de papel,
con su corona de plumas,
su espada de tinta, su escudo de piel.
Hay un viejo rey.
Mirando, desde su pequeña celda
inmaculada a la virgen de los pecados.
muere el día,
pasan los años.








8 jul 2008

"Soneto de Amor Infiel"


Parado, en el borde
de la habitación,
al otro lado del cristal,
que limita la ciudad.

El transito suave,
desde la noche al nuevo día,
se diluye y perpetúa,
en el reflejo de mi cara.
Es la fría mañana,
en el vidrio de mi ventana.

Los rayos de luz,
bañan cada contorno
de la habitación.
Tu rostro se ilumina,
con la claridad del alba.


La suavidad de tu desnudez,
la palidez de tu piel.
Rememoran la noche,
que lentamente, escapa
entre los pliegues,
de la almohada.

La noche, se llevara
mis versos y tus besos,
el sonido de mi voz,
la dulzura de tus labios.
Un tibio sol, secara tiernamente,
el sudor de nuestra piel,
la razón de tus caricias,
mi sentido de perder...



La luna pudorosa,
mantendrá el secreto,
de nuestras noches de calor,
en el invierno de la ciudad.
Las estrellas son testigos,
de cómo le robamos,
unas horas de pasión
al esclavizado amor.


La mañana ya esta aquí,
yo seguiré el camino,
que deje en medio de la ciudad,
tú tomaras un taxi,
que te lleve hasta tu hogar.

Quizás un día de estos,
nos crucemos por la calle,
de esta pequeña ciudad
y entremos algún café,
solo a conversar.
Quizás un día de estos,
tu soledad y mi soledad,
confabulen nuevamente,
una acción criminal.
Y robemos de las garras,
del destino asumido.
Una noche apasionada,
que nos pueda liberar.